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Concebir una Estrategia de Nutrición y Emergencias supone diseñar capacidades de todo tipo, incluidas las técnicas, para responder a los desastres: sistemas de bodegas, de distribución, galletas de emergencia, sistemas de salud, sistemas de comunicación, etc.
Sin embargo, todas ellas deben enmarcarse en una concepción de gestión de riesgos que a su vez considera dos aspectos centrales: uno, que las poblaciones marginales y pobres suelen ser también las que están en mayor riesgo frente a los desastres naturales, por su ubicación en zonas de mayor peligro, en zonas poco productivas, donde los servicios públicos suelen ser limitados. Dos, que se da una relación estrecha entre desastres y desarrollo: todo tipo de proyectos, inclusive aquellos de seguridad alimentaria y nutrición, que posiblemente han costado años en ser levantados, pueden desaparecer en un día ante excesivas lluvias, desbordamientos, deslizamientos, terremotos, erupciones volcánicas, etc. Por ello la necesidad de una estrategia de gestión de riesgos que busque reducir la vulnerabilidad de la población.
Ecuador es un País sujeto a múltiples amenazas de desastres naturales: en el siglo pasado se registraron 101 desastres de magnitud que mataron a unas 13.000 personas y afectaron a 4 millones. En los dos últimos años, el País ha sufrido dos erupciones de magnitud, inundaciones devastadoras como la de enero – abril del 2008. En lo inmediato, los programas de apoyo alimentario se consideran de altísima prioridad.
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