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Ecuador recibe colombianos en número importante que ingresan por su frontera norte huyendo de la violencia en que se halla Colombia desde hace ya más de 40 años. A través de estas cuatro últimas décadas, la violencia se ha regado en la Región. La guerrilla, los paramilitares y el ejército nacional colombianos han creado con su lucha una realidad amarga en la frontera de países como Ecuador, Perú, Venezuela, Brasil. Y fatalmente los ciudadanos de estos países vecinos y los mismos colombianos conllevan las secuelas del conflicto: pobreza extrema, destrucción de cultivos, abusos de poder, miedo, más violencia, desplazamientos, muerte.
Unos dos millones de colombianos se calcula han abandonado sus hogares para trasladarse a otras partes del País (los desplazados internos) y cientos de miles se han ido al extranjero: a Estados Unidos, a España y a otros sitios. Pero quizás la mayor cantidad ha cruzado la frontera para ir a Ecuador. Concretamente, además, cientos de colombianos abandonan sus tierras, su País, buscando una mejor vida en el Ecuador. Ecuador recibió unas 54.000 solicitudes de asilo entre el 2000 y el 2007 y pudo reconocer como refugiados solo al 30% de ellos, según reportes del ACNUR para el 2004. Se calculaba que Quito le sirve de vivienda a un buen 50% de ellos. A partir del año 2000, se masificó la llegada de refugiados debido al recrudecimiento del conflicto y del inicio del paro armado de las FARC, en respuesta al avance paramilitar y la aplicación del Plan Colombia.
Pero el número de llegadas no se debe calcular con el número de solicitudes de asilo. La clandestinidad es del orden de al menos tres veces más los solicitantes –se calcula. Las autoridades ecuatorianas consideran que alrededor de 500.000 colombianos viven en el país, la gran mayoría, de manera clandestina.
Se evidencia un constante incremento de llegadas en los últimos años, agravado aún más en febrero del 2002, con la ruptura de los diálogos de paz entre el Gobierno y las FARC. El año en que se presentó el mayor número de solicitudes de refugio fue el 2003. En 2004, como consecuencia de la exigencia de las autoridades a los colombianos del “pasado judicial”, las solicitudes disminuyeron un 30% con respecto al año anterior, pero no los ingresos clandestinos. Creció el miedo de ser deportado, el desconocimiento de los procesos y el temor a ser ubicados por grupos armados colombianos.
La realidad de la integración de los colombianos en el País es muy contrastada producto de su clandestinidad. En Ecuador no encuentran campamentos de refugiados y los colombianos que llegan se incorporan a la sociedad ecuatoriana a los pueblos del Norte del País y a la capital, Quito. El volver es un riesgo y su futuro en Ecuador es incierto. Los colombianos, al menos para alguien que no es latinoamericano, se parecen mucho a los ecuatorianos. El gobierno ecuatoriano hace su parte para ayudar, pero aún falta mucho por hacer y se necesita ayuda de otros países. Curiosamente en los medios del Ecuador el problema de los refugiados no ha tenido un gran impacto. Se puede decir que el país ha respondido de una manera generosa.
Pero se dan situaciones de rechazo, el ver a los otros como diferentes y no dejar se integren. Esta presión ha empujado a muchos refugiados aún más hacia los márgenes de la pobreza, hacia la miseria. Muchos refugiados colombianos en Ecuador tienen hambre pero no están “muriéndose de hambre”. Están, por lo general, a salvo de la clase de violencia que sufrían en su país y no viven en campamentos superpoblados. Pero, para sobrevivir, la gran mayoría tienen que arreglárselas como puedan, siendo algunas veces víctimas de la xenofobia, la explotación y la discriminación. Programa Mundial de Alimentos
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