Fr铆o y caliente: la combinaci贸n de alimentos ind铆genas de una buena alimentaci贸n PDF Imprimir
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PobreEl mejor 

mujer-indigena-ecuador.jpgQuito, 24 de abril de 2009. Se atribuye a los indígenas estilos de alimentación tradicionales altamente nutritivos. La sabiduría andina en la producción y consumo de alimentos “se ha mantenido hasta nuestros días en forma de un verdadero pensamiento, una filosofía y una lógica propias”, es la tesis del libro, La Seguridad Alimentaria en los Pueblos Andinos, de J. Yánez del Pozo, (Edición: Municipio de Cayambe, 2003). Se hace referencia entre otros recursos a la combinación de los alimentos frescos y los alimentos calientes en una dualidad similar a muchas otras. De todas formas, es importante señalar que para los pueblos indígenas la alimentación está estructurada en un sistema semiótico, altamente significativo de complejas relaciones étnicas, culturales y de clase, reflejando igualmente aquí la necesidad humana de convertir diferencias de  grado en diferencias de clase.


 

Yánez, apoyado en varios investigadores andinos, sostiene que lo frío y lo caliente es una dualidad indígena andina –y no solo ecuatoriana- que ha organizado su sistema alimenticio por siglos, acomodándose a cada nueva circunstancia histórica: combinar alimentos frescos con alimentos calidos. Productos del huerto, plantas medicinales, frutales, etc., todos los alimentos pasan por esta clasificación que va más allá de la temperatura y se refiere a una “visión amplia de los elementos en el universo”; por otro lado, el gusto es el clasificador por excelencia, pues es capaz de percibir, al momento de la comida, cuál alimento es fresco y cuál es caliente. Hay adicionalmente factores que le confieren a un alimento esa condición: el clima, la estación del año, la luz-sombra, la exposición al sol, el pH, su contenido acuoso, el color, la carga de vitaminas y proteínas. De tal suerte, que estos muchos factores, relacionados con las propiedades intrínsecas de los alimentos, confirman la dualidad clasificatoria que la gente andina emplea para conseguir una dieta balanceada.  Dos ejemplos del libro: el plátano que es fresco se come con la máchica (harina de cebada) que es caliente; las habas tostadas que son cálidas se come con las papas que son frescas. De manera similar, la forma de cocinar las partes de un alimento puede influir en su atribución de frío o caliente; inclusive algunos productos, según características peculiares, son frescos o calientes, como el trigo que es fresco pero se torna cálido cuando es pan. .¿Se puede encontrar aquí la imagen de la combinación acertada de una leguminosa con un cereal?


¿Ahondar en la dualidad podría llevarnos a encontrar otras y finalmente el mito con contenidos sagrados y referencia a los orígenes del tiempo? Más retenidamente el libro nos habla de retomar los esquemas de pensamiento tradicionales andinos que podrían convertirse en los puntales para rearmar la seguridad alimentaria de estas poblaciones –afirma el autor del libro. Nosotros lo ponemos como pregunta.  Debe sin duda acompañarse –prosigue Yánez- de un vigoroso sostenimiento de las prácticas ancestrales indígenas de producción como la rotación, la asociación de cultivos, el escalonamiento de cultivos, el cultivo de productos por temporadas que permite un acceso real a una variedad de productos. La recuperación de productos andinos como la quinua, la oca, la mashua, no solo sostiene nutritivamente a la población sino le permite comerciar productos de alta estima.


Por otra parte, los índices de  desnutrición infantil entre indígenas son del orden del 51%, según las estadísticas oficiales, usando la ECV del Ecuador del 2006 y los nuevos patrones OMS. Y, como se sabe, los índices infantiles reflejan los generales de esa población. Parece contradictorio, entonces, con la “buena alimentación indígena”. En este sentido una nueva problemática debe discutirse: el cambio de los patrones alimenticios acaece irremediablemente con el influjo de las culturas predominantes y la degradación de su situación económica. La autosubsistencia alimentaria dejó de ser una realidad desde hace varias décadas entres los indígenas. Necesitan comprar muchas cosas que se han vuelto necesarias y que no producen y para ello requieren vender. La capacidad de obtener alimentos sanos y nutritivos, es decir, su seguridad alimentaria, se ha vuelto mucho más compleja. Y, además están las relaciones interétnicas y de clase. La cocina indígena se ha desarrollado como un sistema, que al igual que su gente, existe en una cierta relación étnica y de clase con otras cocinas. Al igual que la posición define su significado dentro de un sistema semiótico, el sistema en sí existe en relación estructurada con otros sistemas. Retomo textualmente las expresiones de M. Weismantel en su libro Alimentación, Género y Pobreza en los Andes Ecuatorianos Abya-Ayala 1994. Y prosigue señalando que la dieta y aún la cocina (de la comunidad de la comunidad de Zumbagua de su estudio antropológico) difieren de la del país. La gente de esta comunidad come alimentos “indígenas” y lo hace de “una manera indígena”; no solo sucede que los elementos y técnicas son diferentes de la cocina “típica” de la sierra ecuatoriana, sino que son diferentes las mismas cadenas sintagmáticas mediante las cuales se combinan en las dos comidas. La diferencia es significativa: “no es simplemente una forma particular de vida sino que se trata de una vida estigmatizada”, como pobre.

Pero volviendo al libro de Yánez. Se trata de la presentación de un estudio de caso, el de la Asociación Agroartesanal, “Transito Amaguaña”, de la comunidad indígena de la Chimba en el Cantón Cayambe, en la Sierra Norte del Ecuador. Se evalúa un proyecto comunitario que en el 2003 tenía dos años de vida. Sus objetivos eran. 1) implementar sistemas agroforestales familiares que contemplen la producción de hortalizas, árboles frutales, plantas medicinales y productos andinos; 2) mejorar el patrón alimenticio; 3) generar alternativas de producción mediante la agregación de valor a la mashua y a la oca. El proyecto valorizaba el conocimiento ancestral y las técnicas modernas de manejo de los sistemas, donde la nutrición es el factor de motivación (cultivo de variedad de especies, abastecimiento permanente de diferentes tipos de alimentos, recuperación de especies, diversificación de cultivos, etc.).

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